
Cómo afrontar la preadolescencia
La preadolescencia es una etapa de transición significativa en el desarrollo de nuestros hijos, una fase que puede ser tanto desafiante como fascinante para padres y educadores. Muchas veces, los padres se sienten confundidos o incluso preocupados por los cambios en las actitudes y conductas de sus hijos durante esta etapa. ¿Por qué parecen estar siempre de malas o con flojera? ¿Es normal que estén tan inquietos, distantes o tan inseguros de sí mismos?
Desde la perspectiva de la pedagogía Waldorf, el enfoque del desarrollo en la preadolescencia es integral, teniendo en cuenta el cuerpo, la mente y el espíritu del niño. Esta visión es profundamente holística y busca apoyar a los niños en su crecimiento emocional, social y cognitivo, para que puedan encontrar su lugar en el mundo y desarrollarse con autonomía, confianza y respeto hacia sí mismos y los demás.
¿Por qué ocurren estos cambios?
La preadolescencia, que generalmente se encuentra alrededor de los 12 años, es una fase de crecimiento físico, cognitivo y emocional. A nivel cerebral, los niños están comenzando a desarrollar nuevas habilidades cognitivas, lo que implica un proceso de reorganización mental. Esto puede generar confusión, inseguridad y fluctuaciones emocionales. En el aspecto social, comienzan a definirse como individuos y, por lo tanto, cuestionan las normas y las expectativas que se les imponen, buscando su independencia.
Desde la antroposofía, que es la base filosófica de la pedagogía Waldorf, este proceso se ve como una fase crítica del desarrollo de la individualidad. Rudolf Steiner, el creador de la pedagogía Waldorf, describe la preadolescencia como un momento en el que los niños comienzan a ser más conscientes de sí mismos y del mundo que los rodea, pero aún están en un proceso de maduración que necesita ser apoyado con paciencia y respeto.
Cómo afrontar la preadolescencia

1. Cambios hormonales y emocionales
Uno de los principales factores que influyen en el comportamiento de los preadolescentes son los cambios hormonales. A esta edad, el cuerpo comienza a experimentar la pubertad, lo que trae consigo un torbellino de emociones, cambios físicos y, por supuesto, una mayor conciencia de sí mismos. Estas alteraciones pueden provocar cambios de humor repentinos, mayor irritabilidad o melancolía, y un deseo de estar más apartados de la familia.
¿Por qué es importante? Desde la perspectiva de la pedagogía Waldorf, este es un momento crucial en el que los niños están desarrollando una nueva relación con su cuerpo. Los cambios hormonales no solo afectan sus emociones, sino que también afectan la forma en que perciben el mundo. El cuerpo, en su proceso de maduración, debe ser acompañado con actividades que favorezcan el equilibrio y la integración entre la mente y el cuerpo. Esto se logra a través de actividades rítmicas, como el movimiento, el arte y la música, que ayudan a los preadolescentes a encontrar estabilidad emocional en medio de sus cambios.
2. Búsqueda de independencia
A medida que los niños se adentran en la preadolescencia, su necesidad de independencia se intensifica. Comienzan a cuestionar más a menudo las reglas familiares, buscan hacer las cosas por sí mismos y quieren tomar decisiones sin la intervención de los adultos. Este deseo de autonomía puede manifestarse a través de conductas rebeldes, pero también es una señal de que están en el camino correcto hacia el autoconocimiento.
¿Por qué es importante? En la visión Waldorf, este proceso de independencia no es solo un acto de rebeldía, sino un paso hacia el desarrollo de la individualidad. Los niños, en esta etapa, empiezan a experimentar una relación más profunda con su voluntad y sus propios deseos. La pedagogía Waldorf considera que el trabajo interior de los preadolescentes tiene que ser acompañado por un ambiente que les permita explorar, aprender y tomar decisiones de manera guiada. Aquí, los adultos deben ofrecer límites claros y al mismo tiempo espacio para la autodeterminación.
Este impulso por la independencia también debe ser apoyado por actividades que fomenten el pensamiento libre y la creatividad. La enseñanza de materias como las lenguas extranjeras, las matemáticas prácticas y los proyectos artísticos son esenciales en esta fase, ya que brindan a los niños herramientas para expresar su individualidad y fortalecer su autonomía cognitiva y emocional.
3. Necesidad de pertenencia y aceptación social
Otro aspecto crucial durante la preadolescencia es la necesidad de pertenencia. Los niños comienzan a valorar más las relaciones de amistad y el grupo de pares, y se vuelven más sensibles a la aceptación social. Esto puede generar comportamientos de imitación, conformismo o incluso rechazo hacia figuras de autoridad como los padres o los maestros.
¿Por qué es importante? La pedagogía Waldorf enseña que la necesidad de pertenencia y aceptación social es una parte integral del desarrollo social del niño. En esta etapa, los preadolescentes comienzan a fortalecer su identidad en relación con el mundo que los rodea. El trabajo grupal, el fomento de la cooperación y el respeto mutuo en las actividades escolares permiten que los niños se fortalezcan en su sentido de pertenencia, mientras desarrollan habilidades sociales clave como la empatía y el compromiso con los demás.
Steiner destaca que, a medida que los niños comienzan a experimentar una mayor conciencia social, deben ser acompañados con experiencias en comunidad que fortalezcan su sentido de colectividad, pero sin perder su autenticidad individual.

¿Por qué parecen siempre de malas o con flojera?
Es común que los preadolescentes se muestren "de malas" o con "flojera" durante esta etapa, lo que puede desconcertar a los padres. Existen varias razones que explican este comportamiento:
1. Cambios hormonales y cerebrales
El cuerpo de un preadolescente está atravesando cambios hormonales significativos. Las hormonas afectan tanto el cuerpo como las emociones, lo que puede generar un torbellino de sensaciones que ellos no siempre saben cómo manejar. Esto puede llevar a cambios de humor repentinos, irritabilidad y, en algunos casos, un deseo de estar apartados o desinteresados en lo que antes les gustaba.
¿Por qué es normal? Este proceso de crecimiento es parte del desarrollo del cuerpo y la mente.. El niño debe aprender a equilibrar sus emociones con sus nuevas capacidades cognitivas y físicas. Aquí, las actividades rítmicas, la educación artística y el juego son herramientas esenciales para ayudar al niño a recuperar el equilibrio emocional.
2. Desarrollo cerebral y falta de motivación
El cerebro de los preadolescentes está en pleno proceso de reorganización, especialmente en áreas relacionadas con la toma de decisiones y el autocontrol. Esto puede llevar a que los niños parezcan desmotivados o sin energía, ya que aún están aprendiendo a planificar y regular sus actividades de manera eficiente.
¿Por qué es normal? Este proceso de reorganización mental es natural. En el contexto de la pedagogía Waldorf, se hace hincapié en trabajos prácticos, como la jardinería, la carpintería o las manualidades, para ayudar al niño a consolidar sus capacidades cognitivas a través de la acción, creando una conexión más profunda con su entorno y con su propio potencial.
3. Necesidad de descanso y sueño
El cuerpo de un preadolescente está experimentando un crecimiento acelerado, lo que genera una gran cantidad de cansancio físico y mental. Además, en esta etapa, los niños suelen necesitar más sueño del que solían tener. Si no descansan lo suficiente, pueden sentirse constantemente fatigados, lo que puede generar una actitud de "flojera".
¿Por qué es normal? El descanso adecuado es vital para su bienestar físico y emocional. En la pedagogía Waldorf, se cree en la importancia de un equilibrio adecuado entre el trabajo y el descanso. Esto implica también proporcionar ritmos diarios que incluyan tiempo para la relajación, el juego libre y la exploración del entorno natural.

Sugerencias para manejar las conductas de la preadolescencia
Si bien los cambios durante la preadolescencia pueden ser desconcertantes, hay varias maneras en las que los padres pueden apoyar a sus hijos de manera efectiva durante esta etapa:
Escucha activa y empatía: Escuchar sin juzgar es fundamental. Aunque los preadolescentes puedan parecer desinteresados o distantes, necesitan saber que sus padres están dispuestos a escucharlos. Practica la escucha activa y demuestra empatía ante sus emociones, validando sus experiencias, aunque no siempre estés de acuerdo con ellos.
Establecer límites claros y consistentes: Es importante mantener una estructura familiar con reglas claras y consistentes. Aunque los preadolescentes busquen independencia, aún necesitan saber cuáles son los límites y las expectativas. Los límites deben ser justos y razonables, considerando su desarrollo y necesidades, pero también ofreciendo espacio para la toma de decisiones.
Fomentar la autonomía gradual: Permitir que tomen pequeñas decisiones en su vida diaria les ayudará a desarrollar confianza en sí mismos. Pueden empezar con cosas simples como elegir su ropa o gestionar su tiempo para tareas y recreo. A medida que avancen, pueden asumir responsabilidades más grandes, siempre acompañados de tu apoyo.
Promover el diálogo abierto sobre emociones: Las emociones de los preadolescentes pueden ser intensas y confusas. Hablar sobre lo que están sintiendo y ayudarles a identificar y manejar sus emociones les permitirá desarrollar inteligencia emocional. No se trata solo de comprender sus emociones, sino también de guiarlos para que aprendan a regularlas de manera saludable.
Reforzar la autoestima: En esta etapa, la autoestima de los preadolescentes es especialmente vulnerable. Elogia sus esfuerzos, no solo los logros, y ayúdalos a identificar sus fortalezas y talentos. Anímales a explorar sus intereses personales, ya sea en actividades artísticas, deportivas o intelectuales, para que se sientan valorados por quienes son y no solo por lo que logran.
Aunque la preadolescencia puede parecer una etapa de turbulencia para los padres, es, en realidad, un momento de gran importancia en el desarrollo de un ser humano. Los cambios en las actitudes y conductas de los niños son naturales, deseables y forman parte del proceso de maduración hacia la adultez. Al comprender estos cambios y ofrecer un entorno de apoyo y comprensión, los padres pueden ayudar a sus hijos a navegar por este periodo de la manera más saludable y enriquecedora posible.
Como padres, es importante recordar que la preadolescencia es solo una fase transitoria y que el amor, la paciencia y el respeto son las claves para acompañar a nuestros hijos en este fascinante viaje hacia la independencia y la autoexploración. ¡Con el enfoque adecuado, este tiempo puede ser una oportunidad para fortalecer aún más el vínculo familiar y acompañar a nuestros hijos en su camino hacia la madurez!
Equipo Misión Waldorf